Viviendo una vida al máximo

“yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia..” Jn 10.10b. Mucha gente se acercaba a Jesús con diferentes intenciones: unos sencillamente eran espectadores o curiosos, se conformaban solo con ver las señales y prodigios que Él hacía; otros le odiaban y le seguían para ver en qué podían perjudicarle; muchos necesitaban un milagro de sanidad o liberación y tenían la esperanza de encontrar en Él una solución a su situación. Sus discípulos fueron testigos que mientras estaban con Jesús las necesidades eran suplidas y su favor les alcanzaba. Sin embargo en la cruz muchos de los que le siguieron gritaron “crucifícale” y otros huyeron atemorizados. Aunque hace más de 2000 años qu

¿Pasando un tiempo difícil?

“Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza” (Sal 62.5). Por muchos que sean los problemas o peligros que estés enfrentando, aún si sientes que Dios se ha olvidado de ti, no dejes de buscar su rostro en la intimidad de tu aposento, decide hoy descansar y esperar pacientemente lo que el Señor hará; que puedas decir: “yo sé que de ti viene mi salvación, confío en que lo que harás será lo mejor para mí.” “Sólo tú eres mi roca y mi salvación; eres mi protector ¡Jamás habré de caer!” Sal. 62.2. Señor mi Dios de la misma forma que mi fe se fortalece en ti, ruego que mi gozo aumente y pueda proclamar en victoria: “Dios es mi salvación y mi gloria; es la roca que me fortalece

¿Qué dicen nuestras oraciones?

“Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones.” (Stg 4.3). Santiago escribió: “Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones.” Stg. 4.3, San Agustín fue más explícito al acuñar la frase en latín MALI, MALE, MALA, haciendo referencias a que, cuando no conseguimos lo que pedimos a Dios, es porque, o pedimos con mala disposición (MALI), o de mala manera (MALE) o cosas malas (MALA). Muchos podríamos tener una vida de oración regular y perseverante, sin recibir respuesta ya que nuestra actitud no es la correcta, aunque nosotros creamos que sí lo es. Necesitamos morir más al yo, que por gra

¡Señor, ayúdame!

“Los pobres verán esto y se alegrarán; ¡reanímense ustedes, los que buscan a Dios! Porque el SEÑOR oye a los necesitados” (Sal 69.32–33) Le ha sucedido que rogamos al Señor nos auxilie, sin embargo no recibimos una pronta respuesta, a pesar de lo grande y urgente de nuestra necesidad? Sencillamente el silencio del Cielo impera, nos hace recordar el clamor del salmista cuando dijo: «¡Y no respondes!» (Sal. 22:2), o al mismo Job: «¡Oh, quién diera que Dios hablara!» (Job 11:5). No obstante tenemos la convicción que ante nuestra necesidad, no podemos parar, ni abandonar, el estar a los pies del Señor, no hay otro mejor lugar adonde ir. Quizás nuestras fuerzas nos alcancen únicamente para clamar

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