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Martes 05 Julio 2022

 Actitud de Renuncia

Por: E. Jesús Artavia Rodríguez

Lucas 9:23

Seguir a Jesús es fácil cuando la vida transcurre sin problemas o no hay que renunciar a todas las malas costumbres, o eliminar del corazón el apego a los bienes materiales (dinero, lujos, gloria entre los humanos y otros) que conducen al pecado.  No hacer nada por orgullo propio sino hacer todo por amor a Dios y para la gloria de Su santo nombre. En resumen, negarse a sí mismo significa, como dijo el apóstol Pablo, estar muertos para el pecado y vivos para Dios, sin embargo, nuestro verdadero compromiso con Él se revela durante las pruebas. Jesús nos aseguró que sus seguidores sufrirán pruebas. Necesitamos entender que el discipulado requiere sacrificio y que Jesús nunca ocultó ese costo.

No se toma una cruz y se coloca en posición horizontal cuando se siente cansado.  Cuando el brillo se apaga y la realidad nos golpea no podemos dejar de lado el madero y marcharnos. Se tomaba una cruz y estaba en una marcha a la muerte. Y todo el mundo sabía eso. Y para ellos en los tiempos de Jesús, la cruz aún no estaba cargada con sentimentalismo sino con repugnancia.

Es sorprendente pensar como en esta sociedad actual una persona lucha, pasándole por encima a todos los que están a su paso, para lograr un objetivo terrenal y es visto como normal, más bien la mayoría de quienes están a su alrededor lo admiran por ser un “ganador”. Pero cuando Cristo nos recuerda diariamente que la humildad de corazón, el amor al prójimo, el ayudar al caído y no preocuparnos por un estatus socioeconómico es la verdadera forma del éxito, seamos realistas, ¡cómo nos cuesta ponerlo en práctica! 

La realidad de nuestra sociedad cristiana es que los títulos que suenan importantes a todos nos gustan y nos llenan el oído, todo lo contrario a lo que Cristo nos enseñó. El en su posición de Dios lo dejó todo y llevó una cruz, la máxima expresión de humillación de la época.

Tal vez sea tiempo de preocuparnos menos por el título que tenemos en la sociedad actual y preocuparnos más por el título que Cristo nos quiere dar, que me parece a mí, es el más importante de todos… El título de hijos de Dios. ¡No te rindas!

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