No sé orar pero deseo aprender

“Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará” Mateo 6.6

 

 

Jesús nos hace una invitación para que tengamos una cita a solas con nuestro Padre celestial, sabía Ud. que en el Antiguo Testamento no encontraremos la palabra Padre utilizada para la relación del hombre con Dios. La nación de Israel en conjunto fue llamada por Dios: "Israel, mi hijo", pero ningún individuo fue así llamado.

 

El Señor Jesús nos está hablando de una nueva relación que se cultiva en lo secreto y de una forma sincera, la oración, pero quizás nos estemos preguntando: ¿ y cómo hago para orar, no sé cómo hacerlo, lo he intentado pero pronto lo abandono, no me dan ganas o me aburre?

Lo importante es cultivar la disposición de comenzar aunque no tengamos ganas, por ejemplo las personas que corren maratones, empezaron  caminando una pequeña distancia, luego trotaron levemente, al cabo del tiempo por su perseverancia pudieron correr a un paso vertiginoso y alcanzar la meta de 42 Km y 195 m.

 

Establezcamos un horario diario y empecemos con una breve oración de cinco minutos, y al igual que el maratonista vayamos aumentando la duración progresivamente, veremos como muy pronto tendremos el hábito de buscar el rostro del Señor, convirtiéndose  en nuestro deleite máximo y en un asunto de supervivencia, Mathew Henry nos desafía con la siguiente frase: “Se da por sentado que todos los que son discípulos de Cristo oran. Puede que sea más rápido hallar un hombre vivo que no respire que a un cristiano vivo que no ore.”

 

Recordemos que la oración no es sólo pedir, hablemos con Dios contémosle cómo nos fue en el trabajo? Cuáles son nuestros sueños?  Qué miedos o ansiedades estamos sintiendo? Siempre encontraremos tema de conversación Él es nuestro Padre, nunca se ora demasiado si nuestras oraciones son sinceras, evitemos repetir las mismas palabras una y otra vez, como un encantamiento, Robert A. Cook nos anima diciéndonos: "Todos nosotros tenemos una oración rutinaria en nuestro sistema; y una vez que nos deshacemos de él, entonces podemos realmente empezar a orar!”

 

Sabemos que la oración es una conversación, por lo que no debemos olvidar dejar espacios para escuchar lo que Dios nos quiera decir.

 

Permitamos que el poder de Dios obre en nosotros canalizado a través de la oración, los resultados serán asombrosos, pareciéndonos cada día más a Él y recibiremos aún más bendiciones.