• Valeria Gómez

Una Carta para Dios


Lucho por alcanzar excelencia, trabajo duro, hago mi mejor esfuerzo para convertirme en quien quieres que sea, siento la carga cuando fallo, me frustro cuando la vida se siente ordinaria, quiero oírte más... Esta lucha es agotadora y no cumple con mi expectativa. Pero tú, Padre, me abrazas a través de todo, pones tu Espíritu en mí, te manifiestas en lo extraordinario y en lo "solo ordinario".

Me llamas a grandes cosas, cuando me siento tan poco. Interrumpes mi agenda con la tuya. Abres puertas que parecían cerradas para siempre. Envías ángeles de carne y hueso para ayudarme en todo. Me proteges de tantas cosas que podrían lastimarme. Solo tú.

El mismo que creó los cielos y la Tierra, que deja que el sol brille sobre nosotros todos los días, que controla cada ciclo. Eres todopoderoso, majestuoso, grande, y aun así me ves.

En toda tu grandeza, me persigues. Tu cuidado me parece más que suficiente, pero sigues llamándome amada, hija, princesa, elegida, pura, líder, leyenda, amiga, no tienes que hacerlo, pero continúas haciéndolo.

Genuinamente creo que he crecido contigo durante mucho tiempo, pero ahora veo lo poco que realmente sé sobre ti. Tu majestad es tan grande que 19 años de conocerte no es suficiente. Me estás refinando con los "conceptos básicos". Estás diciendo: "hija, dame tu corazón" (Prov. 23:26).

Me sacas de una fe basada en obras inconscientemente y me invitas a descansar en ti. Me muestras cómo mi fuerza por sí sola es insuficiente, pero cuando descanso en ti puedes hacer mucho más a través de mí.

Me muestras que no necesito esforzarme por bondad para recibir amor, sino que, porque soy amada, tu bondad se desborda de mí. Me muestras que estoy en un mar de gracia.

Abres mis ojos para ver todos los regalos que he recibido de ti que aún no se han abierto. Te sientas conmigo y me muestras cómo abrirlos, como un padre que le muestra a su bebé lo básico.

Dios, quieres todo mi corazón, pero si soy honesta, no creo que entienda completamente lo que eso significa. Siempre he escuchado que me amas, y lo veo; yo lo creo. Sin embargo, sigues recordándome eso todos los días, y me revelas que esto tampoco lo entiendo completamente.

Padre, muéstrame lo que significa ser amado por ti y darte todo mi corazón. Continúa derramando tu Espíritu en mí, para guiarme, consolarme, ayudarme y defenderme.

"Mis oídos habían oído hablar de ti, pero ahora mis ojos te han visto" (Job 42: 5).

Gracias porque lo estás haciendo realidad. He escuchado mucho de ti. También te he experimentado. Pero ahora veo que me abres los ojos para ver y entender más.

¡Dios, eres tan bueno! Incluso más de lo que sé. Mi corazón no sabe hablar lo suficiente de tu bondad. Es demasiado grande para mí entenderla.

Todo lo que puedo decir es gracias, por todo lo que has hecho por mí, por todo lo que estás refinando en mí en este momento y por todos los planes que tienes para mí. Gracias por tomar mi mano y guiarme a través de todo. Te amo.

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#Misiones

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